miércoles, 20 de marzo de 2013

Sin luz, sin sonido

Una mano mete la llave en la cerradura y la hace girar mientras la otra baja el picaporte. Son sus manos. Sólo ve los primeros planos. Reconoce la mirilla y algunas marcas en la madera. Es su casa./

Entra a una sala. Sillones Luis XVl. Uno grande doble, dos individuales, cuatro sillas. Contra la pared del fondo hay un piano. Sobre él hay un jarrón de patas de bronce y cristal azul. Nostalgia de melodías. Tiene miedo. “Aquí se cometió un crimen; algo ocurrió. Un hecho que modificó el tiempo y trastocó mi memoria”./

Sólo percibe imágenes sin sonido. Oprime la tecla para encender la araña pero no necesita de la luz para ver, sólo es un acto reflejo./

Otra puerta. Ingresa a un pasillo. No hay sonido. Acaba de dejar atrás la sala. Camina con cuidado. Trata de no hacer ruido para no perturbar ese ámbito silente. Hay peligro. Es como si viera por el visor de una cámara. Todo parece un rastro, una imagen que huye./

Poca luz. Un atisbo de luz azul. Escenas registradas en la pantalla de un telefonito. Cuando camina avanza el recuerdo.
Se adentra por el pasillo negro. Intuye que hay habitaciones sobre su izquierda. “Tendría que ir hacia atrás. ¿Qué fue lo que vi antes de dar el último paso? No sé qué ocurrió, una muerte o varias. Tendría que pasar la cinta al revés”./

“Puedo andar hacia atrás y hacia adelante, igual que si la aguja de un reloj girara en un sentido o en otro según me muevo. No tengo noción de la acción anterior. Siempre estoy detenido. Es un dato encriptado. Un archivo de imagen sin sonido. Tengo miedo. Algo pasó aquí. Esta película que estoy viendo es algo que no tendría que ver. La casa está en silencio”./


Sigue. Hay habitaciones sobre su izquierda. Sobrepasa la puerta de la primera. Siente que las suelas de los zapatos resbalan sobre un charco mucilaginoso. Se adelanta y ve la segunda, también cerrada. Vacila./

Retrocede. Marcha de espaldas. Roza la pared con la punta de los dedos hasta que toca la moldura del contramarco. Se detiene. Es la misma de antes, la que ya había visto y pasó de largo. La madera veteada brilla bajo el barniz. Es un cuarto en el que no puede entrar: el dormitorio principal. Ve la mano de un niño que baja la manija y empuja. No cede porque tiene echada la llave. Él, a punto de repetir ese gesto, se frena. Teme que se abra./

Imagen de otra imagen. Se da vuelta. Está en el comienzo del pasillo. Ve la sala desde el vano. Los sillones de estilo francés tienen una funda color claro con florcitas rojas. La ventana da a la calle pero la persiana está baja. Gira ciento ochenta grados. Urgencia, ansiedad./

Va hacia el fondo. Una más. Está entreabierta. No mira. Despacio. Repara en el silencio que lo rodea. “No hay sonido. No hay registro del ruido. Hay un soplido de fondo como si alguien hubiera borrado el audio”./

Sin luz, sin sonido. Sigue. Otra mancha viscosa. Pisa con cautela. Está oscuro. “No. No es oscuridad”. Respira agitado. Siente la espalda fría. “No es oscuridad. Veo cuadro por cuadro. No es una película. Las cosas ocurren en el espacio que ocupo, siempre es ahora, no antes o después. Sucede. Todo está sucediendo”./

La visión se altera cuando se adelanta. Los ojos muestran escenas que cambian cuando se mueve. Llega al final del corredor. Hay otra, también bloqueada. Cuidado. No sabe qué pasó. Tendría que abrir y entrar pero se detiene. Flota un olor que conoce y lo atemoriza./


Sabe que si gira el cuerpo y camina, retrocede en el tiempo. “Tal vez no sea así. Acaso ocupo distintos espacios en un presente continuo. Para saber qué ocurrió antes debería desandar los pasos dados, pero entonces perdería la noción de dónde estoy en este instante”./

Enfrenta una puerta cerrada. Haciendo ángulo, sobre su izquierda, una más. A su derecha, una boca de luz. Un vitraux. Tres hojas de hierro lo doblan en altura. Vidrios rectangulares esmerilados y otros de color caramelo forman una guarda./

No llega ninguna claridad por esa ventana interior. “Es de noche, por eso no entra luz. Veo, porque mis ojos iluminan lo que enfocan. Estoy en casa”./

Empuña el picaporte. Es la puerta que comunica los cuartos con el salón de estar y el comedor. Está oscuro. “¿Será que estoy confundido y esto sucedió antes? Continuidad interrumpida”./

Se detiene frente al hogar recubierto de granito gris sin pulir. Un chico juega con un mecano al calor del fuego./
“Estoy ante la chimenea. Acabo de abrir y me detengo. Un chico juega sobre un cuero de vaca blanco y negro. Soy yo. Reminiscencias de un olvido./

Doy unos pasos y me paro frente a la mesa del comedor. Hay un bargueño. Hay muchas sillas. Hay gente, todos me miran”.
“En este lugar debería haber voces, risas, ruido de vajilla y tintinear de vasos, pero no hay sonido. Sólo ese soplido de fondo como si hubieran borrado el archivo”./

Le quedan cinco instantes. Ve una mano que empuña un arma./

5. Una llamarada./

4. Siente el golpe del plomo./

3. Otra llamarada./

2. Siente otro golpe./

1. Ahora recuerda./

Fin