sábado, 23 de marzo de 2013

Al otro lado

Abrió la puerta del baño y vio la yarará. Cerró.

Tanto calor. Meses de seca. La casa abierta para que corriera un poco de aire mientras cortaba algunos racimos del parral.

Seguramente había entrado persiguiendo a los sapos que buscaban la humedad detrás del pie del lavatorio.

Tomó un rastrillo para asestar un golpe certero. Empuñó el picaporte y tensó el cuerpo.

La imaginó al otro lado, también preparada para todo.

martes, 12 de marzo de 2013

Embrujo

Vi a la araña urdir su trampa, y al insecto caer entre esos hilos que son apenas aire. Veo llegar a la cazadora pronta para inyectar a la presa su ponzoña. Es peor tu embrujo, que me quitó la vida y no me da la muerte.

sábado, 2 de marzo de 2013

La mentira

No es mío, dijo perforando los ojos que intentaban el engaño. Yo sé que sí, insistió ella sin desviar la mirada. Dejó esfumar la furia mientras terminaba el cigarrillo. Pensó que sería duro vivir con esa mentira. Plantarse y no dejarla pasar era perderla. Imaginó su vida sin ella. Tomó su mano y sonrió.

sábado, 23 de febrero de 2013

Juntos

Llevan horas tomando, uno ginebra, otro grapa, acodados en cada extremo del mostrador. A su tiempo, las miradas despuntan un rencor viejo. Acortan distancia sin hablar. ¡Arrancá!, grita uno. Dos facones vuelan para hincar el hierro a fondo. Sin lamentos ni sorpresa, sienten cómo se les va la vida, juntos.

domingo, 17 de febrero de 2013

Demasiado tarde

Lo distinguió apenas cruzó el puente y enderezó por el camino lindero al canal. El hombre traía al zaino sofrenado. Por ese andar, retenido y desganado, supo que venía a cobrarle la antigua afrenta. Todo se sabe. Aquella deuda iba a ser saldada por su amigo, no por él. Pero ya era demasiado tarde para discutir el precio.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Ahora



Sabía que era un cobarde y que había andado diciendo por ahí que lo iba a matar.
Pensó que elegiría una madrugada, cuando saliera del quilombo.
Pero ahora, mientras tomaban un café, lo vio mover las manos bajo la mesa, temblón y sudoroso, y comprendió que había llegado el momento.

domingo, 3 de febrero de 2013

Hambre de viento



I
Dónde andarás cuando no estás presente.
Tus ojos refulgen.
Hace un segundo sentí que tu cuerpo huía a regiones que me están vedadas. Aunque no me resigno, comprendo que ese fulgor no se repliega porque no le es propio a tus ojos. Es un brillo ajeno, como una coraza, libre de todo gobierno y así permanece.
La Luna lo tiene, igual que Venus. Uno se inclina a pensar que no es posible que esa luz azul no sea más que un reflejo.
Ceder a la falsía no es menos doloroso que matar la ilusión.
Estás aquí, puedo tocarte.  A mi lado están tu piel y tu carne pero sin fuego. Los irriga una sangre congelada que devora nuestro calor. Y pierdo el habla. No puedo reclamar, obligado por el juramento que me hice de no exigirte nunca nada.
Quedo pendiente de que ocurra tu regreso.
II
Soy una nave en dique seco, con el casco expuesto, lista para navegar. Navaja de las aguas presa de puntales que la mantienen inmóvil, sin destino.
Baja la noche sobre la costa.
Arriba, en lo alto del barranco, se enciende una ventana.
Donde debiera estar el horizonte -acaso perdido para siempre- hay guiños de luces.
Todavía quedan huellas de pisadas en la playa, condenadas por la marea que avanza.
La espuma se debate entre el aire y la arena, mientras cuñas de quebracho aprietan el hierro contra las costillas y crujen las cuadernas. Hay olor a brea pintura aserrín estopa.
Aún resuenan  golpes de martillos y hachuelas, solo un eco vencido por el silencio que va haciéndose dueño del lugar.
No hay puerto que no pueda alcanzar. Conservo la arboladura intacta para afirmar el velamen con hambre de viento. Pero estos postes de acero que se clavan contra mis costados me sujetan.
Estoy en tierra. Soy un pájaro fuera del aire que bate las alas en el vacío.
Veo el destello en tus pupilas y espero que regreses.